A los 42 años, Lucía descubre que su novio
de toda la vida la engaña y se queda sin
trabajo. Vuelve a su viejo departamento de
soltera, donde las fiestas de Javier, un vecino
mujeriego de 22 años, no la dejan dormir.
Para conseguir el trabajo que siempre quiso,
miente en una entrevista y asegura tener un
hijo de esa edad. Cuando la empresa
organiza un encuentro con las familias, le
propone un trato a Javier: que se haga pasar
por su hijo a cambio de dejarlo hacer todas
las fiestas que quiera.